Reforma barroca


La reforma consistió en cambiar la orientación del templo, se derribaron los testeros que pasaron de ser rectos a poligonales, de esta manera la puerta de acceso del templo se situó en el este donde anteriormente estaban las tres capillas del altar mayor, y el presbiterio pasó al oeste donde antes estaba la puerta de entrada.

Esta reorientación se efectuó como respuesta a la necesidad de dar entrada al templo por la calle nueva de San Gil (abierta hacia 1640).

La reforma respetaría todos los muros laterales y su estructura de capillas (tres en cada lado) y tribunas, cambiando en el interior el aspecto de las capillas, al enmascarar con las actuales bóvedas las originales que se conservan sobre ellas. También fueron sustituidos los abovedamientos de la nave, por las actuales cubiertas de cañón con lunetos, además de la redecoración del interior.

La nueva portada, que flanquearía la entrada tras la reorientación, constaba de un arco de medio punto, flanqueado por pilastras dobladas, con entablamento y hornacina para la escultura del santo titular del templo, y se trataba de una construcción con alternancia de piedra y ladrillo.

La obra de mayor calidad escultórica de la iglesia corresponde a época posterior a la reforma, son las estatuas de los santos penitentes y anacoretas, colocadas sobre ménsulas de madera a ambos lados de la nave, en las pilastras que separan las capillas. Colocadas hacia el año 1745 y obra del escultor José Ramírez de Arellano, representan a: San Hilarión Abad, Santa María Magdalena, San Babil, San Antonio Abad, San Caprasio, Santa María Egipcia y San Macario.

Textos del artículo y estudio arquitectónico realizados por Azahara Pintanel Alcázar y Joaquín Pintanel Martínez.