Fachada


Sta. Isabel se comenzó a construir en 1.682, a cargo de los maestros de obras Miguel Sanclemente, Pedro Martínez, Miguel Cebollero y Francisco López, y los canteros Pedro de Aguirre y Juan de Aguirreche para cortar y labrar la piedra destinada a la fachada. A partir de 1.696, un nuevo cantero, Francisco de Urbieta intervino en el corte de piedras y molduras. Los trabajos con alabastro de la fachada se debieron a Jaime Ayer y Francisco Pérez Artigas. El edificio se concluyó en 1.706, según indica un tarjetón colgado en el trasaltar mayor.

De la traza del templo se encargan los teatinos y su diseño repite en planta el de la iglesia de S. Cayetano en Madrid, también de la misma congregación, y al parecer llevado a cabo con planos que procedían de Roma.

Las características más singulares de Sta. Isabel son las plantas centralizadas, las cúpulas y la iluminación, obra del arquitecto italiano (teatino) Guarino Guarini (1.624-1.683). Influyeron en la que más tarde sería la iglesia de Nuestra Señora del Portillo (1.702).

A pesar de integrarse plenamente en la trama urbana, eso no impide que muestre con todo esplendor la monumental fachada de dos cuerpos. El primero tiene cinco ejes, de los cuales los extremos se corresponden con las torres y sobre ellas un remate de ascendencia viñolesca. Contrasta con la sobriedad clasicista de sus líneas, la profusa decoración churrigueresca de los antepaños.

Jaime Ayet y Francisco Pérez de Artigas realizaron la talla, cuyo eje principal se realza por las armas heráldicas (decoración típica de la época) de Aragón. Bajo ellas se encuentra un arco de medio punto que enmarca la puerta de entrada.

Las estatuas de S. Andrés, S. Cayetano y Sta. Isabel corresponden al escultor Francisco Villanoba y son de finales del siglo XVII.