Cuarta Palabra


Todo queda en silencio
la tarde, el cielo, la brisa
y un aire de soledad
se apodera de tu vida.

Sientes desnudo tu cuerpo,
atragantado de heridas
que van minando el esfuerzo
por detener la agonía.

Tus brazos ya no te aguantan
anclados a la deriva
de un mastil sin timonel
hecho de orgullos y envidias.

Por un momento tus fuerzas
sin querer se debilitan
y de tus labios resecos
las palabras desvarían.

Y te diriges al padre.
Exiges su compañía,
su aliento, su fe, su apoyo
en las horas decisivas…

Mas todo sigue en silencio,
la tarde, el cielo, la brisa
y hasta el eco de tu voz
en tu boca se marchita…

Y te sientes alejado,
huérfano entre tus desdichas,
abandonado del padre,
de los hombres, de tus días…

Textos escritos por el hermano Juan F. Abellá.