Primera Palabra


La tarde ya pesa.
El sol agoniza.
Los hombres se increpan.
Tu voz se desgarra
y el viento impotente
enciende su brisa
queriendo aplacar
tu fiebre agotada.

El recuerdo fresca
de días vividos
hablando de alientos
que son esperanza,
alivian clamores,
insultos altivos,
que anhelan rompe
tu firme templanza.

Desean de ti
milagros postreros,
que tires por tierra
lo que predicabas;
que enciendas el odio,
que aúnes esfuerzos,
para liberar
la sed de venganza.

Mas tu sigues firme
entre tu silencio,
sembrando ilusiones,
forjando mañanas,
y junto a tus ojos
elevas al cielo
tu voz de Dios-Hombre
que se hace Palabra:

Y te vuelves llanto
ante el padre eterno
y tu amor suplica,
implora, demanda,
perdón para el hombre
que extinguió su tiempo.
Porque no sabía
lo que ejecutaba.

Textos escritos por el hermano Juan F. Abellá.