Séptima Palabra


Un último aliento
sale de tu boca.
Un ténue susurro
que no es de dolor.
Ya todo ha pasado.
Ya nada te importa,
tan solo deseas
calmar tu sudor.
No quieres saber
si el cielo destroza
sus últimos llantos
ahogando el fulgor
de un sol arrogante
que oculto entre sombras
apaga en destellos
su agitada voz.
Tan solo deseas
redimir estrofas,
descansar tus días,
sentir el calor
eterno del Padre
que alivie las horas
finales que restan
en tu aflicción.
Las manos sublimes
del padre te arropan
y en tu sufrimiento
se trueca oración,
cuando jadeante,
terminas tu obra
y entregas tu espíritu
en prueba de amor.

Textos escritos por el hermano Juan F. Abellá.