Sexta Palabra


El sabor de la agonía
se entremezcla con la fiebre
y un gélido sudor te inunda
hasta estallar en tus sienes.

Sabes que el día se acaba
y que la tarde ya teje
su manto de soledad
entre horizontes de muerte.

Sabes que ya tus palabras
se hacen susurros inertes
y agotadas por el llanto,
entre silencios se pierden.

Ya ni siquiera los hombres
con tu dolor se estremecen
y olvidándote entre sombras,
regresan a sus quehaceres.

Tan solo tus pensamientos
se hacen eco de tu suerte
y entre recuerdos y ausencias
alivian tus padeceres:

Tus años de juventud
repletos de amaneceres
que emanaban alegrías
en tu fe de adolescente.

Tu mensaje de esperanza
despoblándose en tus gentes
como lluvia de verano
saciada de luz perenne.

Tus anhelos compartidos
con los que solo poseen
la nada como cosecha
y el llanto como simiente.

Tu último soplo de vida
atrapado por quien teme
condenar al homicida
y salvar al inocente.

Sabes que ya tu presencia
se torna silencio ausente.
Que tu misión se ha cumplido
que tu aliento se desprende
entre frases de agonía
y soliloquios de muerte.

Y de sus labios un grito
retumba con voz potente:

se ha cumplido plenamente.

Textos escritos por el hermano Juan F. Abellá.