Paso de la Tercera Palabra


Como comentamos en el apartado sobre el paso de El Calvario, el anhelo de aquellos primeros integrantes de la Cofradía consistía en que la misma disfrutara de un Paso en propiedad que representase una escena de Cristo en la Cruz más acorde con la predicación de las Siete Palabras.

Amén de todo tipo de dificultades, como ya hemos explicado anteriormente, la Cofradía en sus primeros años de vida se topó con la negativa de la Hermandad de la Sangre de Cristo a procesionar otro Paso que no fuera de su propiedad.

La realidad del nuevo Paso se empieza a gestar en el Capítulo General de Hermanos del 28 de abril de 1.945 en cuyo acta se recoge el nombramiento de una comisión para estudiar el proyecto del nuevo Paso. El 2 de Diciembre del mismo año en Capítulo extraordinario se presentan tres propuestas: la primera tratando sobre el deseo de tener un nuevo Paso, la segunda abarcaba la parte artística del proyecto y la tercera y última era de carácter económico. Todas las propuestas son aceptadas.

Iniciados los trámites y gestiones, en el seno de la Junta de Gobierno de la Cofradía, existía el temor de que con el presupuesto disponible se pudiera alcanzar la realización de un Paso con la garantía artística necesaria. Con esta duda se decide ir a visitar al reconocido escultor zaragozano, D. Félix Burriel cuya contestación a la visita y propuesta de la Cofradía se recoge en acta de la misma: … estimo como un gran honor, que agradezco, el que la Cofradía se haya acordado de mi para tallar las figuras del nuevo Paso, y que con la cantidad presupuestada por la Cofradía, por mi amor a la misma y elevación espiritual del tema a desarrollar, me comprometo a tallar las tres figuras principales ( Nto. Señor Jesucristo crucificado, Santa María Virgen y San Juan) para que pueda salir la próxima Semana Santa de 1.947…, respuesta que dejó a la Junta muy satisfecha.

Tras no pocas vicisitudes, el 22 de Marzo de 1.948 era bendecido el paso por el Arzobispo de Zaragoza, don Rigoberto Doménech y Valls, en el estudio del escultor. La mañana del Viernes Santo 26 de Marzo del mismo año realizó su primer desfile procesional en la Procesión de las Siete Palabras, participando también por la tarde en el Santo Entierro. Desde ese año nuestro Paso ha participado en todas la procesiones del Viernes Santo realizadas hasta la fecha.

La escena del Paso representa el momento en el que Cristo pronuncia su Tercera Palabra desde la Cruz dirigiéndose a su Madre al Discípulo querido San Juan: Mujer, he ahí a tu hijo. Hijo he ahí a tu Madre. El grupo nos presenta a Cristo clavado en la Cruz mirando a su Madre la Virgen María situada bajo la Cruz deshecha por el dolor y que mira, con las manos juntas, a su Hijo. Al otro lado, también al pie de la Cruz, nos encontramos a San Juan evangelista que mira y escucha al Redentor.

La imagen de Jesús está tallada en madera de ciprés de un viejo molino de aceite y tiene una altura de 1,74 metros. Las otras dos imágenes miden 1,60 metros y están esculpidas en pino de Flandes, mientras que la cabeza y las manos también son de madera de ciprés. En cuanto a la Cruz, de grandes dimensiones, está realizada con madera de pino de Castilla.

Debido a las dimensiones del Cristo y en especial de la Cruz, el paso dispone de un mecanismo de elevación y bajada de la Cruz para permitir el acceso y salida a la Iglesia de San Cayetano, ya que la altura que alcanza la Cruz es mayor que la de la puerta del templo. Esta circunstancia también se da en el Paso de la Quinta Palabra, solucionada de igual forma que el Paso que estamos tratando, lo que permite vivir uno de los momentos más emocionantes de la Procesión, cuando se procede a bajar las Cruces de ambos Pasos a la vez, acompañados por el sonido agudo de las cornetas tocando el toque del Silencio, para encerrar los Pasos en San Cayetano y así concluir la procesión.

La carroza está ornamentada con una fantástica greca, tallada en madera y dorada con pan de oro. También acompañan a las tallas cuatro estupendos faroles de bronce uno en cada esquina de la carroza.

Una vez terminada la Semana Santa, las figuras son desmontadas del Paso y se colocan en el altar propio que éstas tienen en la Iglesia de San Cayetano, donde permanecen al culto durante todo el año.